El control de la informática

La informática ha facilitado la realización de tareas por el ser humano. El crecimiento es continuo: El progreso del software, Internet, las aplicaciones informáticas «en la nube» y todas las máquinas en que funcionan o se integran. En breve,  los dispositivos wearables, la capacidad predictiva de todas nuestras relaciones con el exterior y el análisis de datos seguirán aumentando estas posibilidades.

Esta expansión de nuestras capacidades, como sucede con todo avance técnico, trae a la vez nuevos peligros. Estamos hablando de tecnologías que imitan algunas aptitudes de nuestro cerebro y que tratan de adaptarse a nuestros comportamientos. A día de hoy se adoptan en masa estas tecnologías. El resultado es que las personas no solo ceden sus datos, sino su comportamiento, su capacidad de sorpresa y de también de acción, ceden parte del control de sus vidas. Como si estuvieran ante un audiovisual cualquiera. Pero estas tecnologías no son el cine o la televisión.

La informática que afecta a los ciudadanos está mayoritariamente bajo el poder directo de las empresas. Salvo el control que puedan ejercer algunos gobiernos, son empresas las propietarias de las aplicaciones, de los servidores en que funcionan o se guardan los datos personales. Las empresas pueden acceder instantaneamente a los datos, estadísticas de uso, gustos, artículos concretos en que están interesados, o incluso predecir las acciones que van a tomar sus usuarios. De hecho, la propia informática interactua libremente con estos datos, con estas acciones de forma natural, sirviendo a los propósitos de la empresa. Y si el contrato que firmamos aún no lo permite, en la descarga de la siguiente actualización aprobaremos más o menos tácitamente esta posibilidad.

Para el ciudadano de a pié, sin embargo, el seguimiento, la corrección e incluso la recuperación de los datos o simplemente el conocer la situación jurídica de sus derechos respecto a sus datos es casi imposible. Se necesita mucho tiempo para  recuperar una contraseña o guardar un contrato de una aplicación o leer las diferentes versiones que el tiempo que pudieras ahorrar con la aplicación o servicio. No digo ya para borrar tus datos, recuperarlos o corregirlos. A veces, incluso recuperar el dominio sobre tu información, es imposible, porque ya no te pertenece según contrato.

Y no se trata solo, como parece a veces traslucir los medios de comunicación de un problema de redes sociales o aplicaciones más o menos lúdicas. Hoy día dependemos de la informática para todo. Desde comprar una entrada, acceder a la plataforma del metro, trabajar con las aplicaciones, ser notificados de una multa, poner un recurso o simplemente hacer una petición. De la forma en que los programas han sido diseñados puede depender que llegues tarde a una cita, pierdas la forma de demostrar que hiciste o no una acción o, incluso, se te dé por delincuente.

No parece justo que debamos aceptar esto. Sobre todo cuando las leyes de las propias administraciones públicas van además incrementando este control de la informática sobre nuestras vidas.

¿Debe la administración protegernos más de lo que lo hace?¿Puede la administración poner coto a este control sobre nuestra vida?

La administración ha comenzado, tarde, a actuar sobre la protección de los datos. Se continúa, no sin discusión, sobre el derecho al olvido sobre acciones de uno publicadas libremente en prensa y volcadas para la eternidad en internet.

Si la protección de los datos personales y también el derecho al olvido derivaba del derecho a ser dejado en paz, entendemos que este derecho debe ser complementado con otro derecho a limitar la informática en un sentido positivo: el control de la informática para aumentar nuestras posibilidades de libre ejercicio de nuestros derechos.

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